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martes, 24 de septiembre de 2013

¿Durante cuánto tiempo puede permanecer una mujer en su casa?

¿Durante cuánto tiempo puede permanecer una mujer en su casa?

Hasta que pueda o hasta que sienta la necesidad de regresar de allí. ¿Con cuánta frecuencia necesita hacerlo? Con mucha más frecuencia si la mujer es "sensible" y desarrolla una gran actividad en el mundo exterior. Con menos frecuencia si tiene una piel muy dura y no transcurre tanto tiempo "allí afuera". Cada mujer sabe en su fuero interno con cuánta frecuencia y durante cuánto tiempo lo necesita. Es cuestión de valorar el brillo de nuestros propios ojos, la resonancia de nuestro estado de ánimo, la vitalidad de nuestros sentidos. 

¿Cómo equilibrarnos la necesidad de regresar a casa con nuestra existencia cotidiana? Planificando de antemano el hogar en nuestra vida. Siempre es un motivo de asombro la facilidad con que las mujeres "sacan el tiempo de donde sea" cuando surge una enfermedad, cuando el niño las necesita, cuando el coche sufre una avería, cuando les duele una muela. Hay que atribuir el mismo valor al regreso a casa y, en caso necesario, incluso se le tiene que otorgar el carácter de crisis, pues está demostrado que, si una mujer no se va cuando es la hora de irse, la fina grieta de su alma/psique se convierte en un barranco y el barranco se convierte en un impresionante abismo. 

Si la mujer valora al máximo sus ciclos de regreso a casa, aquellos que la rodean también aprenderán a valorarlos. Pero no cabe duda de que también se puede disfrutar del "hogar", reservando un poco de tiempo de nuestra rutina cotidiana, un tiempo que tiene que ser sagrado Y estar dedicado exclusivamente a nuestra propia persona. La frase "dedicado exclusivamente a nuestra propia persona" puede significar cosas distintas para distintas mujeres. Para algunas el hecho de encerrarse en una habitación, pero estar disponible para los demás puede sor un estupendo regreso a casa. Otras, en cambio, necesitan que no se produzca la más mínima interrupción cuando se sumergen en el hogar. Nada de: "Mami, mami, ¿dónde están mis zapatos?" Nada de: "Cariño, ¿necesitamos algo de la tienda?" 

Para una mujer de este tipo la entrada a su hogar profundo es el silencio. No me molestes. El Silencio Absoluto, con S y A mayúsculas. Para ella, el aullido del viento entre los árboles es el silencio. Para ella, un trueno es el silencio. El orden propio de la naturaleza que no pide nada a cambio es el silencio que da la vida. Cada mujer elige lo que puede y lo que debe. 

Cualquiera que sea el período de tiempo que permanezcamos en nuestro hogar, tanto si es una hora como si son varios días, recuerda que otras personas pueden cuidar de tus gatos aunque tus gatos digan que sólo tú lo sabes hacer bien. Tu perro intentará hacerte creer que estás abandonando a un niño en la carretera, pero te perdonará, La hierba se marchitará un poco, pero reverdecerá. Tú y tu hijo os echaréis mutuamente de menos, pero os alegraréis de veros a tu regreso. Puede que tu pareja refunfuñe. Lo superará. 

Permanecer demasiado tiempo lejos de casa es una locura. Regresar a casa es la cordura. 
Cuando la cultura, la sociedad o la psique no soportan este ciclo del regreso a casa, muchas mujeres aprenden a saltar la verja o a pasar por debajo de la 
valla. Adquieren una enfermedad crónica y roban el tiempo de lectura en la cama. 
Esbozan una sonrisa toda dientes como si todo marchara sobre ruedas e inician 
una sutil labor de aplazamiento mientras dura la situación. 
Cuando el ciclo del regreso a casa de las mujeres sufre algún trastorno, 
muchas creen que, para poder sentirse libres de marcharse y satisfacer sus necesidades psíquicas, tienen que pelearse con su jefe, con sus hijos, con sus padres o con su pareja. Y entonces se produce el estallido y la mujer dice: "Bueno pues, me voy. Como eres tan... (llena tú misma el espacio en blanco) y está claro que no te importa... (llena tú misma el espacio en blanco), me voy y san se acabó." Sube al coche y en medio del rugido del motor y de una polvareda de grava, se larga sin más. 

Cuando una mujer tiene que luchar por lo que en justicia le corresponde, siente que su deseo de regresar a casa está absolutamente justificado. Es interesante observar que, en caso necesario, los lobos luchan para conseguir lo que quieren, tanto si se trata de comida comO si se trata de sueño, sexo o tranquilidad. Podría parecer que la lucha por conseguir lo que uno quiere es la adecuada reacción instintiva cuando la persona tropieza con obstáculos. Sin embargo, en el caso de muchas mujeres la lucha se tiene que combatir también, o exclusivamente, en su interior contra todo el complejo interno que niega su necesidad. Por otra parte, el hecho de haber estado en casa y haber regresado de  allí permite que una mujer pueda rechazar con más eficacia una cultura agresiva. 

En caso de que la mujer tenga que librar una batalla cada vez que se va, 
quizá le convenga sopesar cuidadosamente sus relaciones con los que la rodean, tratando de hacerles comprender a los suyos que será mejor y distinta cuando regrese, que no les abandona sino que está aprendiendo de nuevo a ser ella misma y a regresar a su verdadera vida.

 En caso de que sea una artista, conviene que se rodee de personas que comprendan su necesidad de regresar a casa con más frecuencia que la mayoría de la gente, pues cabe la posibilidad de que necesite minar el terreno psíquico de su hogar más a menudo que otras mujeres para poder aprender los ciclos de la creación. Por consiguiente, hay que ser breve, pero inflexible. Mi amiga Normandi, una excelente escritora, dice que lo ha practicado y que, al final, lo ha reducido a un simple: "Me voy." Son las mejores palabras que hay. Pronúncialas. Y vete. 

La magnitud del tiempo útil y/o necesario que se tiene que pasar en casa varía de mujer a mujer. La mayoría de nosotras no puede permanecer ausente todo el tiempo que quisiera y, por consiguiente, aprovecha el tiempo que puede. De vez en cuando, permanecemos ausentes todo el tiempo que necesitamos. 

Otras veces permanecemos ausentes hasta que empezamos a echar de menos lo que hemos dejado. A veces nos sumergimos y afloramos de nuevo a la superficie a rachas. Casi todas las mujeres que regresan a sus ciclos naturales procuran establecer un equilibrio entre las circunstancias y las necesidades. Pero de lo que no cabe duda es de que conviene tener una maletita a punto junto a la puerta. 
Por si acaso. 

Clarissa Pinkola Estés Mujeres que corren con los lobos

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