martes, 22 de julio de 2014

LA RISA, LA SEXUALIDAD Y LA MUJER SALVAJE

LA RISA, LA SEXUALIDAD Y LA MUJER SALVAJE


Les sigo contando cosas del libro “Mujeres que corren con los lobos”. Hoy tengo ganas de seguir con aquello de LA RISA que puse el otro día (post del día 9 de agosto en este mismo cajón de la mesita de luz). Pero hoy además les quiero contar cómo relaciona Clarissa Pínkola Estés, la risa con la sexualidad femenina y con el arquetipo de la Mujer Slavaje.
Es importante para la mujer su naturaleza sensorial. Esta naturaleza reacciona a los estímulos sensoriales: la música, el movimiento, la comida, la bebida, la paz, el silencio, la belleza, la oscuridad. La conciencia sensorial incluye la sexualidad, aunque no se limita a ella.

Mucho podría decirse acerca del uso y el abuso de la naturaleza sensorial de las mujeres y acerca de la manera en que ellas y los demás reprimen sus ritmos naturales o intentan apagarlos por completo. En la época moderna apenas se ha presentado atención a esta expresión sensorial de las mujeres.

Hay una aspecto de la sexualidad de las mujeres que en la antigüedad se llamaba lo obsceno sagrado, no con el significado con que hoy utilizamos esta palabra, sino con el de sexualmente sabio e ingenioso y se tributaban a las diosas unos cultos dedicados a la sexualidad femenina.

La idea de la sexualidad como algo sagrado es esencial para la Mujer Salvaje. Había en las antiguas culturas femeninas unas diosas de la obscenidad, pero el lenguaje, por lo menos en castellano dificulta la comprensión de estas diosas.

“Obsceno”, proviene del hebreo antiguo Ob, con el significado de “maga”, “bruja”. Subsisten en todas las culturas mundiales vestigios de cuentos que han sobrevivido a las distintas purgas. En ellos se nos dice que lo obsceno no es vulgar, ni sucio.

En su trabajo como psicoanalista, Clarissa comprendió que las mujeres ríen al oír los relatos de las hazañas de las mujeres, tanto reales como mitológicas, que utilizaban su sexualidad y su sensualidad para conseguir un objetivo, aliviar una pena o provocar la risa, y por este medio, enderezar algo que se había torcido en la psique. Las mujeres debían apartar, para poder reírse, todas las enseñanazas recibidas, según las cuales reírse de esa manera no era propio de una señora.

Para reír hay que poder exhalar el aire e inspirar en rápida sucesión. Se sabe por la quinesiología y otras terapias corporales, como el Hakomi, que el hecho de inspirar nos hace experimentar sensaciones y que, cuando no queremos sentir nada, contenemos la respiración. Cuando se ríe, la mujer respira libremente y, al hacerlo, es posible que empiece a sentir sensaciones no autorizadas. Comprendió, Clarissa, que la importancia de estas antiguas diosas de la obscenidad quedaba demostrada por su capacidad de soltar lo que estaba demasiado tenso, borrar la tristeza, provocar en el cuerpo una especie de humor que no pertenece al intelecto sino al cuerpo.

Hay un cuento que ilustra este concepto. El cuento de Baubo, diosa de la antigua Grecia, diosa de la obscenidad. Sólo existe una referencia a esta diosa, lo cual parece indicar que su antiguo culto fue destruido y quedó enterrado bajo la estampida de las distintas culturas conquistadoras.

Deméter, la madre tierra, tenía una hija, Perséfone que un día fue raptada por Hades, el dios de ultratumba. Hades la condujo al interior de la tierra. Deméter oyó los gritos de su hija pero no pudo encontrarla, pese a buscarla durante varios meses. Estaba furiosa, gritaba, preguntaba, buscaba en todos los parajes, suplicaba compasión pero no conseguía encontrarla.

Así, maldijo las tierras fértiles del mundo, y no hubo trigo para amasar el pan, ni ningún niño pudo nacer, ni hubo flores para las fiestas, ni ramas para los muertos. Todo estaba marchito, la tierra reseca y los pechos secos. Un día se le apareció una mujer, una especie de mujer, bailando, agitando las caderas como si estuviera en pleno acto sexual. La bailarina no tenía cabeza, sus pezones eran los ojos y su vulva era su boca. Con aquella boca empezó a contarle historias muy graciosas. Deméter sonrió, luego rió, y finalmente estalló en una carcajada. Ambas mujeres, Baubo, la diosa del vientre, y Deméter, la Madre Tierra se rieron juntas.

Aquella risa sacó a Deméter de su depresión y le infundió la energía necesaria para reanudar la búsqueda y, con la ayuda de Baubo, de Hécate y del sol Helios, consiguió finalmente su objetivo. Perséfone fue devuelta a su madre. El mundo, la tierra y los vientres de las mujeres volvieron a crecer.

Baubo procede de las antiguas diosas del vientre neolíticas, son los talismanes de las conversaciones que las mujeres jamás mantendrán en presencia de un hombre. Existía un ritual femenino del estar juntas en el que las mujeres hablan, dicen la verdad, se ríen como locas, se sienten reconfortadas y cuando vuelven a casa, todo marcha mejor. En tiempos antiguos las mujeres animaban a los hombres a ir a pescar, para quedarse sola o en compañía de otras mujeres. Es un ciclo femenino natural.

Baubo nos recuerda la idea “interesante” de que un poco de obscenidad puede ayudar a superar una depresión. Y es verdad que ciertas clases de risas, la que procede del todos esos relatos que las mujeres se cuentan, esos relatos sirven para despertar la libido. Vuelven a despertar el interés de una mujer por la vida. Desde el punto de vista simbólico “hablar por la vulva”, es hablar desde la materia prima , el más básico y más sincero nivel de verdad, desde las profundidades.

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